Epílogo

“Por el gozo que fue puesto delante de él aguantó un madero de tormento, despreciando la vergüenza, y se ha sentado a la diestra del trono de Dios”

-Hebreos 12:2-.

D-26-Epilogue-copySi se nos preguntara por qué fue necesario que Jesús tenía que morir, la mayoría contestaríamos que Jesús tenía que dar su vida a cambio de nuestros pecados. Obviamente, eso es verdad, y los testigos de Jehová podrían darle una explicación más detallada al respecto. Pero, ¿Es el rescate de la humanidad la única, o quizás la primordial razón por la cual Jesús dio su vida? Si su respuesta a esa pregunta es sí, entonces tal vez debería preguntarse, ¿Por qué tuvo que experimentar tan horrorosa muerte? ¿De que sirvió el que él sufriera de tal manera en el madero de tormento?

Después de todo, Cristo pudo haber muerto en un simple sueño, pues el requisito legal solo era el dar una vida por otra vida. Lo único que se necesitaba para el rescate de la humanidad era que Jesús ofreciera su vida perfecta a cambio de la vida perfecta que Adan perdió.

Tal vez usted recuerde a un hombre llamado Enoc. Las Escrituras nos dicen que Dios “transfirió” a Enoc, de tal manera que él no viera la muerte. Es evidente que Dios quiso evitar que Enoc sufriera una cruel y despiadada muerte a manos de sus impios perseguidores. También considere el caso de Moisés, quien a los 120 años y aun con su vitalidad juvenil intacta desapareció. Es evidente que en ambos casos Jehová eutanizó a sus dos fieles adoradores.

Si todo lo que se necesitaba era el sacrificio de una vida perfecta, entonces Jesús; como Hijo de Dios, pudo haber sufrido una muerte tranquila y sin dolor como la de Enoc o Moisés, y aun así pagar el rescate necesario a favor de la moribunda descendencia de Adán. Por eso nos preguntamos una vez más: ¿Por qué sufrió Jesús una muerte tan agobiante? ¿Por qué las Escrituras dicen que Jehová se deleitó en el sufrimiento de su Hijo? -Isaías 53:10-

Aunque fue una extraordinaria prueba del amor el que Dios haya provisto a su Hijo como sacrificio propiciatorio a favor de la  humanidad, no debemos suponer que el rescate y salvación del hombre sea el asunto más importante del universo. Los testigos de Jehová saben que hay asuntos más imprtantes que ese. Ese asunto tiene que ver con la vindicación de Jehová como Soberano único del universo. La horrorosa muerte de Jesús es parte de esa vindicación. ¿De qué manera?

Uno de los más importantes secretos de las Sagradas Escrituras lo encontramos en los primeros capítulos del libro de Job; donde se nos da acceso a una peculiar conversación que sucedió entre Jehová y Satanás, mientras que los hijos celestiales de Dios los escuchaban hablar.

Aunque las perversas acusaciones del ángel se enfocaban en un hombre llamado Job, el Acusador Mayor ciertamente insinuó que ningún hombre- o ángel- puede amar a Dios genuinamente. El Diablo también argumentó que el hombre es capaz de hacer cualquier cosa a fin de salvar su vida; aun si eso significa negar y desobedecer a Dios. A fin de permitir que Satanás comprobara sus palabras, Jehová permitió que Satanás afligiera a Job con todo tipo de calamidades. No obstante, Job no pecó ni maldijo a Dios; tal y como Satanás esperaba.

Aunque las Escrituras no contienen registros adicionales de conversaciones entre ellos, es evidente que Satanás no se olvidó de este asunto. Él pudo argumentar que Job, siendo imperfecto, era muy terco y por eso actuó así. Además, ¿Cómo sabemos si Job no se hubiera rendido si a Satanás se le hubiera permitido aterrorizar a Job con una muerte segura?

Aunque si bien es cierto que Satanás cuestiona la integridad de la creación de Dios, en realidad él también cuestiona la Persona, la Naturaleza, y el Carácter de Jehová. Después de todo, si un hombre no es capaz de sacrificar su vida por su Creador, entonces tal vez la verdadera falla sea del Creador y no del ser creado.

Tal vez Dios no merece obediencia absoluta; tal vez Dios es incapaz de crear un lazo de amor irrompible entre él y su creación.

Estas son las cuestiones subyacentes que el desafio de Satanás ha engendrado; y es precisamente aquí donde la Persona de Jesús es muy relevante, pues él está en condiciones de dar una respuesta inequivoca y definitiva a los cuestionamientos de Satanás. A diferencia de Job, Jesus era perfecto; y a diferencia de Job, Jehová permitiría a Satanás probar a Jesús completamente y en todos los sentidos; al grado de experimentar la muerte. En el caso de Jesús la única pregunta era, ¿Se somentería él voluntariamente a Jehová hasta el fin?

Jehová está muy interesado en aclarar este asunto de una vez y para siempre, y probar que Satanás no es mas que un perverso mentiroso. Esa es la razón por cual poco tiempo después de su bautizo y ungimiento, el relato bíblico nos dice que el espíritu santo condujo a Jesús al desierto a fin de ser tentado por Satanás.

Reflexione es eso. El Padre Nuestro que el Señor nos enseñó es un clamor a Dios a fin que nos ayude  a evitar las tentaciones del Maligno; sin embargo, en el caso de Jesús, el espíritu santo fue quien condujo a Jesús al Tentador Mayor.

El hecho que el espíritu santo fue quien puso a Jesús en una condición en la que él podía ser tentado por el Diablo, prueba que existen asuntos de más importancia que la simple salvación de la humanidad.

Después de fracasar tres veces en su intento por inducir a Jesús a que abusara de su autoridad como el Mesías, el relato nos dice que Satanás se retiró hasta otra ocasión más conveniente.

Sin embargo, la verdadera prueba llegó cuando Dios retiró por completo de Jesús su espíritu protector en el Jardín de Getsemaní, durante lo que Jesús llamó “la hora y la autoridad de la oscuridad”.

No hay duda que en verdad era la hora de la oscuridad. Durante esa “hora” Jesús fue traicionado por uno de sus apóstoles. Los otros 11 apóstoles lo abandonaron y huyeron. Pedro negó haberle conocido. A Jesús se le mantuvo despierto toda la noche bajo guardia y fue interrogado por los sacerdotes judíos ante el Sanedrín. Él fue ridiculizado, denunciado, y falsamente acusado por judíos que días antes lo habían proclamado como Rey de Israel.

Él fue escupido, golpeado, azotado con un látigo que le desprendía  la carne, y finalmente ridiculizado al ser coronado con una corona de espinas.

Aun durante esa pesadilla, él pudo haber evitado la muerte si tan solo se hubiera mantenido callado cuando compareció ante el tribunal ilegal que lo juzgó; y quienes exigían saber si en verdad él era el Hijo de Dios. Posteriormente, si él se hubiera defendido cuando compareció ante Pilato las cosas hubieran sido diferentes. Sin embargo, completamente decidido a mostrar obediencia absoluta a su Padre, Jesús permitió que se le condenara como sedicista y blasfemo, sabiendo que seguramente sería clavado en un madero, donde permanecería colgado hasta que expirara su último aliento.

Puesto que Satanás está al tanto de lo que dicen Jesús y las profecías  respecto al hecho que los cristianos deben morir a fin de lograr el propósito de Dios y reducir las obras del Diablo a nada, algunos se han preguntado cómo es posible que Satanás sea partícipe indirecto y voluntario de su propia ruina.

En vista de los cuestionamientos que él ha hecho surgir, tal vez Satanás pensó que cuando Jesús se viera ante su inminente e inevitable muerte, él tal vez transigería, y salvaría su vida en el último minuto. Obviamente, para saber si realmente eso iba a suceder Satanás necesitaba llevar la ejecución hasta el final. Recordemos que la ejecución en el madero de tormento no era una muerte rápida y expedita. Por el contrario, es una agonía lenta y dolorosa, que en el caso de Jesús llevó tres horas en completarse. Jesús ciertamente tuvo tiempo de retractarse. De hecho, él pudo pedir a Dios que detuviera la ejecución pero no lo hizo. Por el contrario, al expirar su último aliento, un Jesucristo victorioso exclamó ¡se ha realizado!.

Sin embargo, la controversia no termina ahí. En la misma noche del arresto de Jesús, Satanás exigió que Pedro y los demás apóstoles fueran puestos a prueba y zarandeados como el trigo. Al final Pedro dio su vida por el Señor, al igual que muchos de los discípulos del primer siglo. Como es obvio, Satanás exige lo mismo hoy que antes, y exige poner a prueba a aquellos que son pertenencia de Dios.

A través de los siglos Dios ha llamado a ciertos individuos que serán parte del reino celestial compuesto de 144000 personas. Algunos han resultado fieles, pero como dijo Jesús, “muchos son los llamados pero pocos son los escogidos”. Durante la conclusión de este sistema de cosas Jesús enviará a sus angeles a segar su campo, separando el trigo que representa a los hijos del reino, de la la mala hierba que son los hijos del inicuo. La siega significa el fin del recogimiento de los hijos del reino. La siega también incluye la revelación de los hijos de Dios; y obviamente, es el fin del cristianismo como lo conocemos.

La era evangelizadora llegará su fin, y los hijos del reino simbolizados por el trigo, serán llevados al simbólico almacen donde recibirán la irrevocable aprobación de Dios; se les implantará un nuevo corazón, y se les infundirá un nuevo espíritu; un resoluto e inquebrantable espíritu.

Como mencionamos en capítulos anteriores, la siega cosechará a 7000 personas que serán el complemento del Cuerpo de Cristo. Para resolver el asunto de la Soberanía de Jehová de una vez y para siempre, y para mostrar su suprema confianza en su nueva creación, Jehová ha decidido darle una última oportunidad a Satanás. Por medio de agobiar a esas siete mil personas durante el tiempo del fin, Satanás tendrá la oportunidad de frustrar los propósitos de Jehová.

En el caso de Jesús, Jehová arriesgó su reputación como un Ser veraz en la integridad de un hombre; un hombre perfecto obviamente. Pero durante la conclusión del sistema de cosas Jehová irá mucho más lejos y arriesgará su Nombre y Reputación en la integridad de 7000 imperfectos e inexpertos cristianos, sabiendo perfectamente bien que ninguno de ellos se quebrará ante la prueba. Sí, esta prueba se llevará a cabo en medio de falsos cristos y falsos profetas que efectuarán grandes milagros y señales portentosas a fin de engañarlos; tal y como dijo Jesús.

Sin embargo, si tan solo uno de los elegidos resulta infiel después que ha concluido la siega, eso significa que Dios habrá fracasado en su intento por producir un reino de 144000 reyes y sacerdotes, pues 143999 no serán suficientes. Si Jehová ha de ser vindicado como el Dios verdadero, su Palabra debe de cumplirse hasta el último detalle.

Sí, la apuesta es muy alta y es mucho lo que está en juego. Como en un juego de poker, Jehová ha permitido a Satanás el ante de destruir la organización terrenal de la que los escogidos son parte. Este es un rasgo vital de la profecía. La confianza suprema de Jehová en la inquebrantable fidelidad de sus santos es aun mas admirable en este momento, pues es innegable que es necesaria una severa disciplina por parte de Jehová de aquellos que forman parte de la congregación cristiana.

Podemos estar seguros que la profecía es cierta, y que la mencionada censura servirá para lograr los propósitos de Dios. Despues de la censura viene la iluminación de los santos, y según la profecía, “La luz de la luna llena tiene que llegar a ser como la luz del [sol] relumbrante; y la mismísima luz del [sol] relumbrante se hará siete veces mayor, como la luz de siete días, el día en que Jehová vende el quebranto de su pueblo y sane hasta la grave herida que resulte del golpe por él”. -Isaías 30:26-

Teniendo eso en cuenta, estamos en mejor condición de entender la profecía de Gog de Magog. El capítulo 37 del libro de Ezequiel describe la resurreción de Israel de lo que parece un cemeterio lleno de huesos secos; como si esa condición fuera resultado de un golpe infligido por Dios. Sin embargo, después Jehová hace que la inerte organización vuelva a la vida, limpiándola completamente y estableciendo un pacto de paz con ella.

El resultado de esto es similar al descrito en el capítulo 21 de Revelación; específicamemte el hecho que Dios extiende su tienda sobre los redimidos, y ellos se convierten en el pueblo de Jehová. Ezequiel también pronostica que “David reinará sobre ellos”. David, obviamente, es una alusión al hijo de David; es decir, Jesucristo. Por lo tanto, la profecía nos habla de la venida de Cristo y la redención del Israel cristiano de Dios.

Es en ese tiempo cuando se nos dice que Jehová pone garfios en las mandibulas de Gog de Magog, a fin de conducirlo hasta Israel con el fin que él ataque a su restaurado pueblo, con la intención que al menos uno de los elegidos resulten infieles a su Dios. Si Satanás tuvo acceso a los seguidores de Jesús del primer siglo, ciertamente puede tener acceso a los discipulos de Jesús durante el teimpo del fin. Esta es una tentación que el Tentador Mayor no puede resistir.

En el primer siglo el lugar santo de Dios estaba asociado con el templo de Jerusalén. Aunque es dudoso que los cristianos no judíos vieran al templo de Herodes como algo santo, los cristianos judíos sí sentían reverencia por él. Siendo ese el caso, la aparición de la cosa repugnante donde no debería estar, sería algo de vital importancia para los cristianos hebreos familiarizados con la profecía de Jesús.

Sí, aquellos que vivían en Judá y en Jerusalén deberían prepararse mentalmente y estar listos para abandonar sus casas y sus congregaciones locales, así como el templo; donde seguramente muchos cristianos se reunían a fin de dar testimonio a los judíos,  pues la destrucción del templo era parte de la disciplina de Dios.

Esa es la razón por la que en vísperas de la destrucción de Jerusalén Pablo escribió su carta a los hebreos; la cual explica claramente el papel que la Ley, y la adoración formal por medio del templo y el tabernaculo jugaron en los planes y propósitos de Dios. Les explicó cómo esos sistemas se volvieron obsoletos con el advenimiento del Mesías, y la violenta desaparición que les esperaba. Pablo también les exhortó a no desfallecer ante la disciplina de Dios.

Es digno de tomarse en cuenta el hecho que el entero capítulo 11 del libro de Hebreos es una remembranza de la fe de muchos siervos que vivieron antes de la era cristiana; hombres y mujeres que superaron pruebas que pudieron costarles la vida. Los cristianos hebreos que vivían en Jerusalén también tendrían que pasar por pruebas similares.

Sin embargo, el apóstol nos dice en su carta que la destrucción del sistema judío de adoración era solo un patrón que señalaba el fin de la congregación cristiana, así como el fin del presente sistema de cosas. Eso es evidente cuando leemos.

“Vean que no se excusen [de oír] al que está hablando. Porque si no escaparon los que se excusaron [de oír] al que estuvo dando advertencia divina sobre la tierra, con mucha más razón no escaparemos nosotros si nos apartamos del que habla desde los cielos.  En aquel tiempo su voz sacudió la tierra, pero ahora ha prometido, diciendo: “Todavía una vez más pondré en conmoción no solo la tierra, sino también el cielo”. Ahora bien, la expresión “Todavía una vez más” significa la remoción de las cosas que son sacudidas como cosas que han sido hechas, a fin de que permanezcan las cosas que no son sacudidas”. – Hebreos 12:25-27-

Al igual que Jesús, nosotros también tendremos que enfrenatarnos a la autoridad de la oscuridad; una oscuridad tan aterradora que parecerá que el cielo y la luna literales dejaron de existir. Durante esa “hora” la civilización que hemos conocido se volverá ceniza y pasará al olvido. Las instituciones que parecen ser firmes como montañas serán derribadas desde sus cimientos.

La humanidad se verá agitada como el mar por una tempestad. No habrá un solo lugar en la tierra adonde podremos huir a fin de escapar este tumulto. Solo aquellos con una fe inquebrantable en Dios sobrevivirán, pues Dios proveerá refugio para ellos.

Es por eso por lo que en vez de derretirnos de pavor como aquellos que no tienen fe cuando por fin los angeles desaten los cuatro vientos de la destrucción sobre toda la tierra, debemos aprovechar  esa oportunidad para ponernos de parte de la verdad sin importar las consecuencias. No olvidemos que las proezas de hombres y mujeres registradas en la Biblia pudieron lograrse por medio de la fe.

Sigamos siempre el ejemplo de Jesús, y confiemos que Aquel que calmó la tempestad en el Mar de Galilea con una simple palabra y ordenó a Pedro caminar sobre las violentas aguas, también nos llevará a buen fin, y conducirá nuestros pasos a través de la tormenta de Jehová.

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