La Paraosia

“Y fue transfigurado delante de ellos, y su rostro resplandeció como el sol, y sus prendas de vestir exteriores se hicieron esplendorosas como la luz”.

-Mateo 17:2-

PageLines-D-5-Parousia-copy.jpgPuesto que los tiempos señalados de las naciones no tienen relación alguna con la destrucción de Jerusalén a manos de los babilonios, no existe razón válida para aplicar la cronología de los siete tiempos de Daniel al inicio de la parousia de Jesús, ya que esa cronología nos conduce al año 607 A.C. Es muy fácil demostrar que no es verdad que la siega del trigo y la destrucción de la mala hierba ya han acontecido, o que el juicio sobre la casa espiritual de Dios tuvo lugar en 1918.

No es nuestra intención dudar por dudar, ni tampoco es nuestro objetivo rdiculizar el supuesto inicio de la presencia de Jesús como una enseñanza promovida por hombres carentes de amor por la verdad. El rechazar algo que no es verdad de ninguna forma puede considerarse como apostasía. Nadie debería de aceptar la doctrina del año 1914 basándose únicamente en la sagacidad y discernimiento que el “esclavo fiel y discreto” ha demostrado en casos que no pueden ni deben refutarse.

Nosotros podemos determinar fácilmente si una doctrina es falsa o verdadera si aplicamos nuestro raciocinio, y si hacemos un riguroso análisis de las Escrituras que tratan el tema que nos interesa. De vez en cuando la Sociedad Watchtower nos exhorta a hacer eso, y a poner a prueba las expresiones supuestamente inspiradas a la luz de la Palabra de Dios. Si hacemos esto, llegamos a la inevitable conclusión que la enseñanza de la presencia de Jesús; presencia que supuestamente inició en 1914 es falsa.

Debido al gran error en este tipo de cálculos, y debido a la terca insistencia por parte de los directivos de Betel al aferrarse a este monstruoso error, es nuestro deber; no solo rechazar tal enseñanza, sino también reconsiderar una vez más la supuesta parousia invisible de Jesús, y lo que ello implica. De hecho, el pastor Russell se refería a esto cuando hablaba de la forma y manera como regresaría nuestro Señor.

Podemos afirmar categóricamente que en ningún lugar de las Escrituras -implicita o explícitamente – se hace mención de un regreso invisible de Jesús. Este es un dogma que por mucho tiempo los testigos de Jehová han considerado como una verdad bíblica incuestionable.

En este capítulo presentaremos argumentos para demostrar que la manifestación de Jesús será algo visible; después de todo, Jesucristo siempre ha estado presente de forma invisible para sus seguidores, ya que en una ocasión dijo: “Estoy con ustedes hasta el fin de este  sistema de cosas”.

Por lo tanto, la parousia de Jesús debe ser algo mucho más significativo que un simple acompañamiento invisible por parte del Señor. El creer en la “presencia invisible de Jesús” equivale a creer que no habrá cambios futuros en su manifestación, y que todo continuará igual desde el día en que Jesús partió hacia las regiones celestiales.

No obstante, el secreto sagrado que habrá de revelarse consiste en el hecho que Jesús se manifestará visiblemente a sus elegidos que se encuentren vivos en la Tierra durante el día del Señor. Sí, la parousia mencionada en las Escrituras culminará con la gloriosa manifestación de Jesús ante los hijos del reino. Obviamente, la posibilidad de ser testigo presencial de semejante hecho emociona  intensamente a todos aquellos que profesan una esperanza celestial. Pero, ¿Qué base bíblica existe para hacer semejantes declaraciones?

Parousia, Ephiphaneia, y Apokalypsis

Existen tres palabras griegas que con frecuencia son usadas en lo relacionado a la segunda venida de Cristo. Como todos sabemos, la palabra “parousia” significa presencia, y esa palabra es traducida de forma consistente en la Traducción Nuevo Mundo con ese significado. La palabra parousia aparece en 13 ocasiones fuera de los evangelios en conexión con Cristo Jesús. Es bueno notar que esta palabra es usada también en cosas que no tienen nada que ver con Jesús – como por ejemplo, la parousia del apóstol Pablo entre sus hermanos-.

Otra palabra griega que también se usa en lo relacionado a la segunda venida de Cristo es “ephiphaneia,” la cual es la raíz de donde proviene el vocablo español “epifaneía”. La palabra epifaneía aparece ocho veces en conexión con Cristo Jesús, y es usada; no solamente en lo relacionado a la manifestación física de Jesús mientras vivió en la Tierra, sino también en las diferentes materializaciones del Señor después de su resurrección.

Esta palabra es usada con más frecuencia en lo relacionado con su parousia o presencia. La palabra epifaneía significa literalmente “aparición,” y ese significado es obvio si tomamos en cuenta que él se manifestó de diversas maneras a sus seguidores del primer siglo.

No obstante, la palabra epiphaneia también tiene un significado distinto y transmite la idea de algo brillante, pues es una derivación del verbo griego “ephiphaino;” verbo que significa brillar o aparecer de forma brillante, lo cual sugiere una gloriosa y brillante aparición; algo apoteótico e inesperado para la persona que experimenta esa aparición.

Esta palabra es traducida de forma constante como “manifestación” en la Traducción Nuevo Mundo. Por ejemplo, en 2Tesalonicenses 2:8 Pablo menciona la ephiphaneia de la parousia de Cristo; es decir, la manifestación de la presencia de Jesús. Otra traducción bíblica- King James Version- traduce este versiculo como el “la brillante venida de Jesús”.

Una palabra más que también es usada con lo relacionado a la venida de Jesús es “apokalypsis;” término que se ha transliterado al español en la forma “apocalipsis”. Esta palabra significa develar, revelar, o manifestar algo previamente oculto. Esta palabra también puede entenderse como la manifestación o aparición literal de algo o alguien. La Traducción Nuevo Mundo traduce esta palabra como “revelación”. La palabra apokalypsis aparece en las Escrituras Griegas en 18 ocasiones, pero no siempre en relación con la revelación de Cristo Jesús.

Existen también palabras derivadas de este vocablo, como por ejemplo, “apokaluptetai;” palabra que es traducida al español como “revelado,” o también la palabra “apokaluyin;” la cual se traduce como “revelando”.

Una vez que comprendemos estos términos podemos comparar lo que enseña la Sociedad Watchtower con lo que mencionan las Escrituras, y darnos cuenta que esa institución enseña muy poco- casi nada- en lo relacionado con la auténtica revelación de Cristo Jesús.  ¿Acaso no es verdad que los testigos de Jehová creen que la manifestación de Jesús ya ha iniciado?

Aunque hay docenas de referencias y explicaciones de la palabra “parousia” en la literatura de la Sociedad Watchtower, solo han habido un par de ocasiones en los últimos 50 años en que ella de forma casual y superficial ha mencionado el término griego ephipaneia. La Sociedad Watchtower no atribuye ninguna importancia especial a la manifestación o revelación de Jesús, pues según ellos, el día de Jesús comenzó en 1914.

Al ser negligentes, ignorantes, y descuidados en el entendimiento y aplicación de los términos epiphaneia y apokalypsis, la Sociedad Watchtower ha tornado lo que las Escrituras consideran un evento glorioso -la brillante aparición y manifestación de Cristo Jesús- en una simple trivialidad que sucedió hace muchos años.

A fin de evitar cometer el mismo error debemos preguntarnos cuándo ocurren la epiphaneia, y el apokalypsis en relación con la parousia de Jesús. ¿Existe alguna diferencia sustantiva entre la presencia, la manifestación, y la revelación de Cristo Jesús?

Como sucede frecuentemente, la Sociedad Watchtower ha expresado muy contradictorias opiniones en este asunto. Por ejemplo, en un artículo publicado el 15 de febrero de 1955 en la revista La Atalaya, la Sociedad Watchtower nos dice que la epiphaneia de Jesús ocurrió en 1918:

“Después de expulsar a sus enemigos de los cielos Jesús dirigió su atención a sus seguidores en la tierra; tanto aquellos que estaban durmiendo en la muerte, como a aquellos que estaban vivos a fin de proceder con su epiphaneia o “manifestación”. Los hechos históricos indican que tal y como Cristo fue al templo tres años y medio después que él vino como el Mesías; de igual manera, en 1918, tres años y medio después que su presencia inició, él vino a su templo espiritual para juzgar y para recompensar a sus esclavos”.

Obviamente, la Sociedad Watchtower no puede presentar pruebas de lo que dicen los supuestos “hechos históricos” con los que justifica sus rídiculas afirmaciones, cuando dice que Cristo se manifestó invisiblemente en 1918. No hay duda que esa es la razón por la cual la Sociedad Watchtower; sin negar esa  enseñanza, de forma callada y discreta se ha distanciado de tal creencia, de tal manera que ahora ellos enseñan que la manifestación de Jesús se hará evidente cuando por fin él destruya a la cristiandad.

Es fácil darnos cuenta que aún con esa “nueva luz,” la Sociedad Watchtower sigue siendo negligente al no darle importancia especial al segundo significado de la palabra epifaneía. Básicamente esa organización enseña que la parousia de Jesús se desarrolla en tres etapas; empezando con la presencia invisible de Jesús, seguida por una nebulosa revelación, y terminando con una indistinta e invisible manifestación.

Sin embargo, como personas con raciocinio debemos preguntarnos cuán razonable es creer que la actual presencia invisible de Jesús – según ellos- culmine en una invisible manifestación, o en una invisible develación de algo que estaba oculto. La respuesta a este disparate debe ser obvia para toda persona que desee examinar honradamente los hechos que hemos presentado. La verdad de las cosas es que la supuesta presencia/manifestación/revelación invisible de Jesús no es otra cosa más que un truco mágico e  interpretativo que le permite a los líderes de Betel continuar con sus fantasmagóricas enseñanzas a fin de evitar encarar la realidad ante sus confiados e ingenuos feligreses.

Otra pregunta que debemos hacernos es: ¿Qué justificación existe para dividir el “dia del Señor” en tres etapas? ¿Señalan las Escrituras que la parousia, la epiphaneia, y el apokalypsis se manifestarán en tres etapas diferentes? Si así es, nos preguntamos, ¿Transcurren décadas- o siglos- desde que inicia la paraousia hasta que sucede la epiphaneia de Jesús? No necesitamos ser muy inteligentes para sacar nuestras propias conclusiones.

A continuación presentamos algunos textos que aparecen en las epistolas apóstolicas, y que nos hablan de la presencia, la manifestación, y la revelación de Cristo Jesús.

* “Porque, ¿cuál es nuestra esperanza, o gozo, o corona de alborozo —pues, de hecho, ¿no lo son ustedes?— delante de nuestro Señor Jesús al tiempo de su presencia?”. -1Tesalonicenses2:19-

* “Al contrario, sigan regocijándose por cuanto son partícipes de los sufrimientos del Cristo, para que también durante la revelación de su gloria se regocijen y se llenen de gran gozo”. -1Pedro 4:13-

* “Además, que el Señor los haga aumentar, sí, que los haga abundar, en amor unos para con otros y para con todos, así como nosotros también lo hacemos para con ustedes; 13a fin de que él haga firmes sus corazones, inculpables en santidad delante de nuestro Dios y Padre al tiempo de la presencia de nuestro Señor Jesús con todos sus santos”. -1Tesalonicenses 3:12-13-

* “Te doy órdenes de que observes el mandamiento de manera inmaculada e irreprensible hasta la manifestación de nuestro Señor Jesucristo. Esta [manifestación] la mostrará a los propios tiempos señalados de él”. -1Timoteo 6:13-15-

* “En este hecho ustedes están regocijándose en gran manera, aunque ahora, por un poco de tiempo, si tiene que ser, han sido contristados por diversas pruebas, a fin de que la cualidad probada de su fe, de mucho más valor que el oro que perece a pesar de ser probado por fuego, sea hallada causa de alabanza y gloria y honra al tiempo de la revelación de Jesucristo”. -1Pedro1:6-8-

* “De modo que no se quedan atrás en ningún don, mientras aguardan con intenso anhelo la revelación de nuestro Señor Jesucristo. Él también los hará firmes hasta el fin, para que no estén expuestos a ninguna acusación en el día de nuestro Señor Jesucristo”. -1Corintios 1:7-8-

* “Ejerzan paciencia, por lo tanto, hermanos, hasta la presencia del Señor. ¡Miren! El labrador sigue esperando el precioso fruto de la tierra, aguardándolo con paciencia hasta que recibe la lluvia temprana y la lluvia tardía. Ustedes también ejerzan paciencia; hagan firme su corazón, porque se ha acercado la presencia del Señor”. -Santiago 5:7-8-

* “Ahora, pues, hijitos, permanezcan en unión con él, para que cuando él sea manifestado tengamos franqueza de expresión y no se nos haga apartarnos de él avergonzados al tiempo de su presencia”. -1Juan 2:28-

* “Solemnemente te encargo delante de Dios y de Cristo Jesús, que está destinado a juzgar a los vivos y a los muertos, y por su manifestación y su reino”. -2Timoteo 4:1-

* “Porque así como en Adán todos están muriendo, así también en el Cristo todos serán vivificados. Pero cada uno en su propia categoría: Cristo las primicias, después los que pertenecen al Cristo durante su presencia”. -1Corintios15:22-23-

* “Pero, a ustedes que sufren la tribulación, con alivio juntamente con nosotros al tiempo de la revelación del Señor Jesús desde el cielo con sus poderosos ángeles”. -2Tesalonicenses 1:7-8-

* “Y nos instruye a repudiar la impiedad y los deseos mundanos y a vivir con buen juicio y justicia y devoción piadosa en medio de este sistema de cosas actual, mientras aguardamos la feliz esperanza y la gloriosa manifestación del gran Dios y de[l] Salvador nuestro, Cristo Jesús”. -Tito 2:12-13-

* “Por lo tanto, fortifiquen su mente para actividad, mantengan completamente su juicio; pongan su esperanza resueltamente en la bondad inmerecida que ha de ser traída a ustedes en la revelación de Jesucristo”. -1Pedro 1:13-14-

Si razonamos sobre estas Escrituras nos damos cuenta que aunque en ocasiones parece haber leves y sutiles diferencias, en realidad podemos concluir que la presencia, la manifestación, y la revelación de Jesús son términos sinónimos que pueden usarse indistintamente.

Eso se hace evidente si tomamos en cuenta que el mensaje primordial que quisieron darnos los apóstoles no cambiaría ni sería alterado si las palabras parousia, epihpaneia, y apokalypsis fueran sustituidas unas por otras, o sus respectivos significados en español fueran usados en otro contexto.

Por ejemplo, en 1 Pedro 1:13-14 el apóstol exhorta a sus compañeros a ser fieles y activos “hasta el día de la revelación de Jesucristo”. Por su parte, Pablo aconseja a Timoteo a que espere fielmente “la gloriosa manifestación” de Jehová y de su Cristo.

Sin embargo, el apóstol Santiago – al igual que Pablo- le dice a sus lectores que consideren la parousia o presencia de Jesús el objetivo primordial de su vida. Finalmente, el apóstol Juan le pide  a sus”niñitos” que permanezcan en unión con Cristo “hasta el día en que él se haga manifiesto” de tal manera que ellos “no sean avergonzados durante su presencia”.

Es evidente que en todos los ejemplos citados, la parousia, la epiphaneia, y el apokalypsis son presentados como el mayor objetivo a seguir; algo así como la meta o final de un largo camino antes de iniciar su partida hacia las regiones celestiales. Sin embargo, si la parousia iniciara un siglo antes de la epiphaneia, o del apokalypsis, entonces difícilmente se podría considerar a la paraousia como el fin de nuestra fe; y no debemos olvidar que según las Escrituras, la parousia de Jesús es el fin de nuestra fe.

En otras palabras, si se le pide al cristiano que ejerza fe “hasta la presencia del Señor”; tal y como Santiago escribió, entonces por qué los testigos de Jehová han estado esperando pacientemente por décadas la presencia de Jesús; cuando según ellos, tal presencia inició hace ya casi un siglo. Mientras tanto, generaciones de gentes han nacido y desaparecido sin que la manifestación o la revelación de Jesús se vislumbre por algún lado.

“HASTA EL DÍA DE JESUCRISTO”

Si reflexionamos acerca de este asunto, nos damos cuenta que en Filipenses 1:6 Pablo menciona “el día de Jesucristo,” y lo asocia con el fin de un trabajo que comenzó en el primer siglo. Esto fue lo que él escribió: “Porque confío en esto mismo: que el que comenzó una buena obra en ustedes la efectuará cumplidamente hasta el día de Jesucristo”.

Es obvio que los cristianos de Filipo a quienes se dirigió esta carta no estarían vivos sobre la Tierra durante el día de Jesucristo. El “buen trabajo” iniciado por Jesús y sus apóstoles ha continuado por veinte siglos hasta nuestros días; de hecho, tal trabajo continuará hasta “el día del Señor”. Esto significa que el día de Jesucristo es el día o periodo de tiempo en que concluye el trabajo que tiene como propósito edificar y construir una congregación de individuos destinada a reinar sobre el la humanidad, bajo la  dirección de una organización santa.

En vista de lo que hemos analizado hasta ahora, es evidente que el día de Jesucristo no se caracterizará por una campaña para formar y desarrollar hijos para el reino. De hecho, tal parece que ocurrirá lo contrario, pues las Escrituras indican que el día del Señor es el tiempo en que se logra tal objetivo, y el trabajo de “cristianización” llega a su fin.

Siendo ese el caso, y aunque las cartas apóstolicas no conectan  directamente la parousia con el día de Jesucristo- tal y como hemos visto en los textos que hemos citado y que nos hablan de la presencia de Jesús- aun así, también es evidente que la parousia es presentada o mencionada en esas cartas como la culminación de la era cristiana, y no como la finalización de una etapa más de evangelización.

Sin embargo, en uno de sus escritos, el apóstol Pablo sí hace  conexión entre la revelación de Jesús y el “día de nuestro Señor Jesucristo”. Esto fue lo que él escribió a la congregación de Corintio: “Mientras aguardan con intenso anhelo la revelación de nuestro Señor Jesucristo. Él también los hará firmes hasta el fin, para que no estén expuestos a ninguna acusación en el día de nuestro Señor Jesucristo.Fiel es Dios, por quien fueron llamados a [tener] participación”. -1Corintios 1:7-9-

Para aclarar más las cosas podemos decir que el texto supracitado nos dice que los cristianos son hechos firmes hasta el fin. El fin mencionado en este texto es descrito como la revelación de Jesús, y como el día de Jesucristo. Sin embargo, en 1 de Tesalonicenses 3:13 Pablo exhorta a sus hermanos a permanecer firmes y sin tacha hasta el fin; solo que en esta ocasión, en vez de usar la palabra “apokalypsis” o “el día de Jesucristo,” el apóstol usa la palabra “parousia”.

Esa es la razón por la que decimos que estos términos son intercambiables, y que el día de Jesucristo es la terminación de un largo periodo en que los cristianos con esperanza celestial han estado bajo intenso escrutinio. Cuando llega el día de Jesucristo, ellos ya no tienen necesidad de seguir demostrando que son dignos del llamado celestial.

La presencia, revelación, o manifestación de Jesús significará que los cristianos ungidos ya no necesitarán ejercer fe, pues la parousia es el tiempo en que aquellos que han sido llamados a ser copartícipes de la gloria de Jesús son aceptados o rechazados como herederos del reino de los cielos. A partir de entonces, ellos ya no estarán expuestos a ningún tipo de acusación durante el día de nuestro Señor Jesucristo.

Satanás es el acusador de nuestros hermanos, a quienes él acusa noche y día frente a Jehová hasta el día en que él es expulsado para siempre de la presencia de Dios. Debido a ello, es razonable inferir que el “día de Jesucristo” comienza inmediatamente después que el Acusador Mayor es expulsado a los confines de la tierra. Esa es la razón por la que se menciona que hay celebración en los cielos, pues nunca más Satanás volverá tener acceso a las santas regiones celestiales, ni a hacer más acusaciones frente a Dios.

Aún si consideramos que no existen diferencias sustantivas entre los términos griegos que hemos analizado, ¿Qué base bíblica tenemos para creer que el glorificado Jesucristo en algún momento del futuro se manifestará visualmente a simples mortales terrestres?

COMO UNO NACIDO PREMATURAMENTE

Después de ser resucitado de entre los muertos, Jesús se manifestó primero a María, y bondadosamente le pidió que dejara de aferrarse a él, hasta el día en que él volviera a su Padre. También le ordenó que avisara a Pedro y al resto de sus discípulos que él estaba vivo, y que pronto se manifestaría ante ellos. En ese sentido  Jesús estaba presente, aunque no se había manifestado visiblemente ante sus seguidores. Gradualmente, y por el periodo de cuarenta días en que Jesús permaneció en la Tierra antes de su partida a las regiones celestiales, Jesús hizo visible su presencia de varias maneras.

Primeramente se manifestó como un extraño ante dos de sus discípulos que caminaban distraidos, y los amonestó llamándolos insensatos y lentos en cuestiones de fe. Después se manifestó en un cuarto donde estaban reunidos algunos de sus seguidores- a pesar que la puerta de la casa estaba cerrada-. Posteriormente se manifestó en otra reunión de sus seguidores, y censuró a Tomás por su incredulidad. En otra parte el apóstol Juan menciona una nueva aparición de Jesús, y usa el término “epiphaneia”: “Después de estas cosas Jesús se manifestó otra vez a los discípulos junto al mar de Tiberíades; pero hizo la manifestación de esta manera”. -Juan 21:1-

En otra de sus apariciones, Cristo censuró afablemente a Pedro por haberlo negado en tres ocasiones. Un común denominador que encontramos en las apariciones de Jesús es que éstas fueron utilizadas para censurar, para instruir, para exhortar, y para fortalecer a sus discípulos. Finalmente, Jesús se manifestó ante 500 de sus seguidores antes de su ascensión a los cielos. Sin embargo, esa no fue su última epiphaneia.

Es evidente que el apóstol Pablo fue la última persona que vio al Cristo resucitado. Él mencionó su experiencia en la carta que escribió a los Corintios: “Porque les transmití, entre las primeras cosas, lo que yo también recibí: que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras; y que fue enterrado, sí, que ha sido levantado al tercer día según las Escrituras; y que se apareció a Cefas, entonces a los doce. Después de eso se apareció a más de quinientos hermanos de una vez, de los cuales la mayoría permanece hasta ahora, pero algunos se han dormido [en la muerte]. Después de eso se apareció a Santiago, luego a todos los apóstoles; pero último de todos también se me apareció a mí como si fuera a uno nacido prematuramente”. -1Corintios 15:3-8-

Pablo no solo fue el último ser humano que vio a Jesús, sino que también ha sido el único hombre que ha visto a Jesús después de su ascensión al Padre. María, Pedro, los demás apóstoles, así como las 500 personas que vieron a Jesús ascender al cielo vieron a Jesús manifestado en la carne, pues en diferentes ocasiones él les recordó que él era carne. No obstante, Pablo no vio a un Jesús materializado en forma de hombre.

Lo que Pablo vio fue una ráfaga de luz divina; él vio a Jesús en la forma en que existe hoy en día; es decir, a un glorioso y transfigurado ser espiritual. No hay duda que él tuvo un encuentro cercano con la creación más gloriosa del universo. Como resultado de tal encuentro, Pablo quedó ciego, y por tres días no comió ni bebió nada.

Pero, ¿Qué significa esta experiencia? ¿Qué quiso decir Pablo cuando dijo que él era como un hombre que había nacido prematuramente? La Sociedad Watchtower nos dice que Pablo recibió una visión de lo que es la vida celestial. Pero, ¿Es razonable pensar eso? Por ejemplo, el apóstol Juan tuvo una visión de lo que es la vida en los cielos; de hecho, él tuvo el privilegio de ver a Jehová y a Cristo Jesús, y también vio a 144000 hombres de pie sobre el celestial Monte Sión; y sin embargo, él no describe su experiencia como la de un ser que nació prematuramente.

Es bueno notar que la experiencia de Pablo no fue un sueño o una visión inspirada; tal y como lo fue la experiencia de Juan y otros profetas. No, Pablo vio literalmente al glorificado Jesucristo. Esa es la razón por la que en una de sus cartas nos dice: “¿No soy apóstol? ¿No he visto a Jesús nuestro Señor?”. -1Corintios 9:1-

Debido al hecho que Cristo se le apareció a Saulo de Tarso pero los hombres que lo acompañaban no pudieron ver la luz, ni fueron cegados por la gloriosa manifestación de Jesús, esta experiencia sirve para ilustrar; no solo la gloriosa recompensa de la vida celestial, sino también la eipiphaneia que tendrá lugar durante la parousia. Pablo experimentó de manera anticipada lo que experimentarán los elegidos que aún se encuentren sobre la Tierra durante la intima manifestación de Jesús en todo su poder y gloria.

Es en ese sentido como Pablo experimentó un nacimiento prematuro. Sí, los elegidos nacerán de nuevo; o mejor dicho, los elegidos experimentarán el fin de su nuevo nacimiento, y serán glorificados de una forma similar a como fue glorificado Cristo Jesús. No hay duda que esa será la revelación de una nueva creación. Pablo también hizo mención de la futura manifestación de los hijos del reino que han nacido nuevamente, y la conexión que ellos tienen con Cristo: “Porque ustedes murieron, y su vida ha sido escondida con el Cristo en unión con Dios. Cuando el Cristo, nuestra vida, sea puesto de manifiesto, entonces ustedes también serán puestos de manifiesto con él en gloria”. -Colosenses 3:3-4-

“Y FUE TRANSFIGURADO ANTE ELLOS”

Considere por favor lo que Jesús dijo en lo referente a la llegada del reino de Dios: “Porque el que se avergüence de mí y de mis palabras, de este se avergonzará el Hijo del hombre cuando llegue en su gloria y en la del Padre y de los santos ángeles. Pero les digo verdaderamente: Hay algunos de los que están en pie aquí que de ningún modo gustarán la muerte hasta que primero vean el reino de Dios”. -Lucas 9:26-27-

“Algunos de los que están en pie aquí” resultaron ser Pedro, Santiago, y Juan. Aproximadamente una semana después que pronunció esas palabras, Jesús condujo a tres de sus apóstoles a la cima de una montaña. El relato nos dice lo siguiente:

“Y fue transfigurado delante de ellos, y su rostro resplandeció como el sol, y sus prendas de vestir exteriores se hicieron esplendorosas como la luz. Y, ¡mire!, se les aparecieron Moisés y Elías, que conversaban con él. -Mateo 17:2-3- . Esta  gloriosa transfiguración de Jesús prefiguró la llegada de Cristo y de su reino. Por medio de esta transfiguración, los apóstoles vieron la realidad del reino de Dios de una forma vívida y verdadera.

Muchos años después el apóstol Pedro mencionó la experiencia que él tuvo, y explicó lo que ésta significaba, diciendo: “No, no fue siguiendo cuentos falsos artificiosamente tramados como les hicimos conocer el poder y la presencia de nuestro Señor Jesucristo, sino por haber llegado a ser testigos oculares de su magnificencia. Porque él recibió de Dios el Padre honra y gloria, cuando palabras como estas le fueron dirigidas por la magnífica gloria: “Este es mi hijo, mi amado, a quien yo mismo he aprobado”. Sí, estas palabras las oímos dirigidas desde el cielo mientras estábamos con él en la santa montaña”.

jesus_transfigurationPedro nos dice que la transfiguración está ligada al poder y a la presencia -parousia- de nuestro Señor Jesucristo. El apóstol continúa diciendo: “Por consiguiente, tenemos la palabra profética [hecha] más segura; y ustedes hacen bien en prestarle atención como a una lámpara que resplandece en un lugar oscuro, hasta que amanezca el día y el lucero se levante, en sus corazones”. 2Pedro 1:16-19-

Las cartas de Pedro establecen que la transfiguración es la pieza central en el desarrollo de la palabra profética de Dios. Esto se debe a que el pleno cumplimiento de la visión profética de Dios durante la parousia de Jesús resultará en la plena y completa iluminación de la congregación cristiana. Esa es la razón por la cual Pedro compara la palabra profética de Dios con una lámpara  que brilla en un lugar oscuro. Según la ilustración, una vez que la presencia de Jesús es una realidad, la oscuridad de la noche es reemplazada por un nuevo “amanecer”; y por lo tanto, ya no será necesario “seguir prestando atención” a la “lámpara que brilla en el lugar oscuro”.

Al inicio del establecimiento del reino de Dios “el lucero de la mañana” se levanta en el corazón de los ungidos; lo cual signifca que ellos por fin habrán logrado su plena iluminación, así como su entrada y aceptación al reino de los cielos.

Debido a ello surge esta pregunta: si la presencia de Jesús inició en 1914, ¿Significa eso que el nuevo amanecer ya ha aparecido, y que los cristianos ungidos de la actualidad están siendo iluminados por el simbólico lucero de la mañana que Jesús hace que se levante en el corazón de sus seguidores? Por increíble que parezca, la Sociedad Watchtower nos dice que sí. Esto es lo que nos dice un artículo publicado el 1 de abril del año 2000:

“El lucero de la mañana se ha levantado….Cuán afortunados somos de saber que en 1914, Jesucristo, el lucero de la mañana, se levantó en todo el universo y comenzó la cumplir la visión de la transfiguración. El lucero de la mañana de Jehová ha aparecido, y se encuentra listo para llevar a cabo el propósito de Dios, y completar su transfiguración durante la gran guerra del Dios Todopoderoso. …..Hasta que llegue ese día, continuemos caminando bajo la luz divina por medio de prestar atención a la palabra profética de Dios”.

Aunque esta declaración puede parecer convincente para muchos, esta enseñanza de la Sociedad Watchtower ni siquiera toma en cuenta el significado fundamental de la ilustración de Pedro. En su ilustración, el apóstol contrasta la oscuridad de la noche con la preciosa luz del día. Como todos sabemos, en la oscuridad de la noche la gente necesita de lámparas para alumbrar su camino; sin embargo, una vez que al amanecer aparece la luz del sol, ya no es necesario utilizar una lámpara para alumbrarnos. 

La ilustración del apóstol menciona que la palabra profética de Dios – la cual reconoce a la transfiguración de Jesús como su parte más vital- nos sirve como una simbólica lámpara que nos ayuda a navegar a través de la oscuridad espiritual del mundo hasta que llega el amancer de un nuevo día. Sí, no hay duda que la radiante presencia de Jesús dará paso a la gloriosa aurora de un nuevo día.

Esa es la razón por la cual se menciona a un simbólico lucero que se levanta en los corazones de los seguidores de Jesús. Este lucero de la mañana que nace en el corazón de los hijos del reino simboliza la iluminación plena y completa que ellos habrán de lograr; una iluminación que no puede lograrse ni siquiera a través del más diligente estudio de la Palabra de Dios, pues esta iluminación requiere una experiencia personal que implica experimentar en carne propia la gloria y la luz que emana de la presencia y manifestación de Cristo Jesús.

coming-of-Son-of-man2Aparentemente “los hijos del sol naciente” es una referencia a los hijos del amanecer en cuyo corazón se ha levantado el lucero de la mañana; y como veremos más adelante, el que el lucero de la mañana se haya levantado en el corazón de los hijos del reino resultará en que ellos terminarán brillando con la misma intensidad del sol; tal y como Cristo brilló durante su transfiguración. -Revelación 16:12-

La ilustración de Pedro nos dice que la noche terminará dando paso a un nuevo amanecer, y esto está en armonía con los hechos que hemos presentado hasta ahora. Eso es prueba adicional para asegurar que la transfiguración -presencia de Jesús- es el fin de la fe del cristiano, y no el inicio de una nueva época en que el cristiano debe esperar fiel y pacientemente hasta la llegada de otro día en el que Jesús habrá de manifestarse.

Es bueno enfatizar el hecho que el propósito de la profecía bíblica es el de conducir al cristiano a Cristo, pero una vez que Cristo vuelve en toda su gloria- como el sol de un nuevo día- la luz de la profecía habrá logrado su propósito, y será eclipsada por la luz y la iluminación que emanará del mismísimo Jesús. Por lo tanto, si la parousia de Cristo hubiera sido real en 1914, ya no habría necesidad de seguir prestando atención a la palabra profética de Dios.

Aunque la transfiguración de Jesús fue solo una visión, lo significativo de ese hecho es que Pedro, Santiago y Juan fueron testigos de la magnificencia del Señor; y tal y como Pedro declaró después, el propósito de haber presenciado tal visión fue el de familiarizar a los demás hermanos con el poder y la presencia- parousia- de nuestro Señor Jesucristo.

La importancia del hecho que tres de los apóstoles de Jesús  presenciaron la transfiguración de Cristo no puede ser soslayada. El relato nos dice que ellos cayeron sobre sus rostros llenos de pavor. La plena manifestación de Jesús significará que los seguidores ungidos de Cristo que se encuentren vivos sobre la Tierra cuando dé inicio tal revelación, experimentarán en carne propia la parousia y la epiphaneia del Señor y serán testigos oculares de la presencia Jesús. Al igual que esos tres apóstoles, los ungidos de la actualidad verán literalmente la magnificencia y el resplandor del Señor Jesucristo.

Tal vez un detalle aún más profundo e importante relacionado con todo esto -independientemente de lo glorioso que pueda ser la manifestación visible de Cristo- es que la epiphaneia que encontramos en las Escrituras menciona mucho más que la gloriosa revelación de Jesús. El secreto sagrado de Dios está íntimamente ligado a la “semilla de la promesa” mencionada en la Biblia, y eso significa que los otros hijos de Dios también están destinados a manifestarse en toda su gloria en la Tierra, y a brillar junto con Cristo antes de su resurrección a la vida celestial.

LO VEREMOS TAL Y COMO ES ÉL

El apóstol Juan, quien fue uno de los privilegiados al ver la transfiguración de Cristo en toda su gloria, escribió: “Amados, ahora somos hijos de Dios, pero todavía no se ha manifestado lo que seremos. Sí, sabemos que cuando él sea manifestado seremos semejantes a él porque lo veremos tal como él es. Y todo el que tiene esta esperanza puesta en él se purifica a sí mismo así como él es puro”.

Todos sabemos que los elegidos verán a Cristo, y que llegarán a ser como él una vez que sean reunidos con Jesús en los cielos. Pero si los cristianos han de manifestarse, y si han de ser copartícipes de la gloria del Señor, ¿Ante quién se manifestarán ellos?

Si volvemos por un segundo a la ilustración de la siega, leemos que Jesús concluyó su parábola diciendo: “Allí es donde será [su] llanto y el crujir de [sus] dientes. En aquel tiempo los justos resplandecerán tan brillantemente como el sol en el reino de su Padre”.

Puesto que hemos presentado argumentos contra la idea que la siega ya ha acontecido, es obvio y evidente que nosotros creemos que el llanto y el crujir de dientes de aquellos que son expulsados del reino es un acontecimiento que se presentará en el futuro. Siendo ese el caso, nos preguntamos, ¿Qué significa la expresión “en aquel tiempo los justos resplandecerán tan brillantemente como el sol en el reino de su Padre”?

Como es de esperarse, la Sociedad Watchtower se aferra a la rídicula e infantil idea que los justos comenzaron a brillar como el sol en 1919. Pero si eso es verdad, ¿Qué prueba tienen ellos para demostrar que la condición espiritual de los Estudiantes  Internacionales de la Biblia -Testigos de Jehová- ha cambiado desde entonces? ¿Acaso no es verdad que los Estudiantes de la Biblia creían que la parousia de Jesús había comenzado en 1874?

Si por un momento hacemos a un lado el fraude del año 1914, podemos preguntarnos: si en verdad los Estudiantes de la Biblia comenzaron a brillar como el sol en ese entonces, ¿No es razonable pensar que al menos ellos tendrían un entendimiento más claro de lo que es la parousia y el reino de Dios? Como los maestros de Betel saben, tuvieron que transcurrir más de diez años desde que ellos comenzaron a brillar como el sol, para que a ellos se les ocurriera la idea que Satanás había sido expulsado de los cielos, y que el reino de Cristo había tomado el poder en 1914.

Y eso no es todo. Desde el tiempo que Jesús exhortó a sus discípulos en su Sermon del Monte a dejar que su luz iluminara a los demás hombres, aquellos que siguen a Cristo han servido como faroles y fuentes de luz en un mundo oscurecido espiritualmente. Pablo se refirió a esos hombres como brillantes iluminadores.

No obstante, en ningún momento Jesús o sus apóstoles se refirieron a estas personas como individuos que brillaban como el sol en el reino de Jehová. Existe una enorme diferencia entre la luminosidad del sol, y una simple llama que resplandece en una lámpara de aceite. Además, existen razones válidas para creer que la idea de ver cristianos brillando como el sol es mucho más que una simple metáfora o simbolismo.

Es evidente que la luz que reflejen aquellos que brillarán como el sol no será el resultado de leer mucho La Atalaya, o inclusive la Biblia. El fenómeno que transformará a estos individuos en luminarias literales sucederá cuando Cristo se revele personalmente a todos y cada uno de estos individuos, infundiendo en ellos el espíritu de Jehová, logrando así esta incomprensible metamorfosis. Este será un fenómeno físico y visible, el cual acompañará la gloriosa revelación de los hijos de Dios.

¿Acaso no es verdad que los apóstoles señalaron que en algún momento del futuro sucedería un acontecimiento especial en el que ellos serían glorificados junto con Jesús? ¿No es verdad que el rostro de Jesús brilló literalmente con la misma intensidad del sol durante su transfiguración? Es razonable inferir que si los cristianos ungidos han de ser glorificados durante la presencia de Cristo, esta glorificación debe ser acompañada por un fenómeno similar al que vivió Jesús.

El apóstol Pablo escribió lo siguiente relacionado con la revelación -apokaluyin- de los hijos del reino: “Por consiguiente, estimo que los sufrimientos de la época presente no son de ninguna importancia en comparación con la gloria que va a ser revelada en nosotros. Porque la expectación anhelante de la creación aguarda la revelación de los hijos de Dios”.  -Romanos 8:18-19-

Si Cristo y los otros hijos de Dios han de ser revelados en toda su gloria ante la sufrida “creación” -los simples mortales que habitan la Tierra- y si antes que la revelacion de tales hombres se lleve a cabo, estos hombres existen en la carne -se nos dice que ellos esconden en su carne la gloria de Cristo- entonces podemos concluir que la revelación de tales hombres será algo apotéotico y sobrenatural.

Para sorpresa nuestra, parece ser que Betel comparte esta idea con nosotros. Tratando el tema de la revelación de los hijos de Dios, la revista La Atalaya, en su edición del 15 de septiembre de 1998 publicó lo siguiente:

“El remanente de los ungidos “hijos de Dios” deben ser revelados. ¿Qué implicará esto? Al tiempo que Dios lo desee, se hará evidente a las otras ovejas que los ungidos han sido finalmente sellados y glorificados a fin de reinar con Jesucristo. Los resucitados “hijos de Dios” también serán revelados cuando junto a Cristo Jesús participen en la destrucción del inicuo mundo de Satanás”.

Moses-face-shines2¿Cómo es que se hará evidente a las otras ovejas que los ungidos han sido sellados y glorificados? El artículo no lo dice, pero la Biblia nos da una idea de cómo se llevará esto a cabo.

En su carta a los Corintos, Pablo habló de la ocasión en que Moisés bajó de la montaña después de haberse encontrado con Jehová, y después de haber recibido la Ley del Pacto. Se nos dice que el rostro de Moisés emitía rayos como el sol. Aaraón y los otros ancianos que esperaban a Moisés se impresionaron tanto que huyeron de ese lugar. Por un tiempo Moisés se vio en la necesidad de usar un velo mientras hablaba con los israelitas, pero se lo quitaba cuando hablaba con Jehová.

En sus palabras Pablo insinúa que todos los ministros del Nuevo Pacto poseen la misma gloria de Moisés: “Y todos nosotros, mientras con rostros descubiertos reflejamos como espejos la gloria de Jehová, somos transformados en la misma imagen de gloria en gloria, exactamente como lo hace Jehová [el] Espíritu”. -2 Corintios 3:18-

Obviamente, ni Pablo, ni ningún ministro del Nuevo Pacto de aquel entonces emitía desde su rosotro rayos de luz; tal y como lo hizo Moisés. Sin embargo, es bueno reconocer que Pablo fue mucho más que un simple apóstol del primer siglo. Pablo fue uno de los más prolíficos redactores de la Palabra de Dios, y debido a que la Palabra de Dios es eternamente viva, podemos decir que Pablo continúa vivo por medio de sus escritos.

Por ejemplo, cuando trató el tema de la resurrección Pablo se incluyó a sí mismo como uno que estaría vivo durante la presencia del Señor: “Porque esto les decimos por palabra de Jehová: que nosotros los vivientes que sobrevivamos hasta la presencia del Señor no precederemos de ninguna manera a los que se han dormido [en la muerte]”.

No es necesario decir que Pablo no se encuentra entre nosotros; tampoco es necesario decir que él no estará vivo al inicio de la parousia de Jesús. La razón por la cual él se refirió a sí mismo como uno que estaría vivo durante la presencia de Jesús revela que muchos de los escritos de Pablo son proféticos, y es como si él estuviera vivo durante la parousia explicando el significado de tales escritos.

Puesto que el propósito del Nuevo Pacto es producir una simiente real que resultará en la eventual bendición de todas las naciones del mundo, es apropiado que los ministros del Nuevo Pacto sean revelados en toda su gloria al tiempo que el Nuevo Pacto logra su objetivo; el cual es revelar la más grande creación de todos los tiempos; es decir, la transformación de simples hombres en seres espirituales, gloriosos, e inmortales.

Sí, es evidente que el Nuevo Pacto llega su fin con el regreso de Jesús; pues según Pablo, la Cena del Señor en la que se consume vino y pan sin levadura que sirven como emblemas del Nuevo Pacto, habría de celebrarse hasta que él llegue. -1Corintios11:26-

Obviamente, la revelación de los hijos de Dios solo puede suceder en conexión con la revelación -apokalypsis- y la manifestación-epiphaneia- de Jesús mismo. Debido a que los hijos de Dios serán glorificados al tiempo de la manifestación de Jesús, podemos decir que “los que con rostros descubiertos reflejan como espejos la gloria de Jehová,” serán transformados cuando se alce la cortina, y ellos sean revelados como copartícipes y coherederos de Jesús en toda su gloria.

Debido a ello, Jesús se manifestará personalmente a los elegidos, y la manifestación de Jesús a la expectante y sufrida creación de Dios se llevará a cabo por medio de los glorificados santos – hijos de Dios- una vez que la siega haya llegado a su fin. Es en ese entonces cuando ellos “brillarán como el sol en el reino de su Padre”.

SU CARA ERA COMO LA DE UN ÁNGEL

Una experiencia similar a la de Moisés – cuando Moisés bajó de la montaña emitiendo rayos- sucedió en el primer siglo en conexión con el martirio de Esteban. El relato que encontramos en el libro de Hechos sirve como un poderoso ejemplo de cosas por venir. El relato nos dice que poco tiempo después del Pentecostés, el apóstol Pedro anunció que la profecía de Joel se había cumplido, y que los últimos días habían iniciado.

Sin embargo, el cumplimiento mayor y definitivo de la profecía de Joel sucede durante los últimos días del mundo; es decir, durante la conclusión de este sistema de cosas; tiempo que también es conocido como la siega. Es en ese tiempo cuando cuando el espíritu de Dios será derramado a cabalidad en los que para ese entonces serán los sellados y aprobados hijos e hijas de Jehová, y será en ese tiempo cuando ellos tendrán visiones proféticas y sueños; y obviamente, tendrán el entendimiento inmediato y completo de lo que representan tales sueños y visiones.

Considerando eso, nosotros leemos en el relato que Esteban estaba lleno del espíritu santo de Dios, y éste le permitía efectuar trabajos y portentos milagrosos que sus opositores judíos no podían negar ni desafiar. En ese sentido, Esteban tipifica a los glorificados hijos del reino. De manera muy significativa, nosotros leemos que como resultado del poderoso testimonio de Esteban ante los incrédulos judíos, Esteban fue llevado ante el Sanedrín – la misma corte que anteriormente había condenado a muerte a Jesús-. El relato nos dice que todos los que estaban en el Sanedrín miraron a Esteban, y vieron que su cara era como la cara de un ángel.

stoning-of-StephenDespués que Esteban les recordó los tratos que Dios había tenido con Israel, él condenó a los asesinos del hijo de Dios. El relato nos dice: “Pues bien, al oír estas cosas se sintieron cortados hasta el corazón, y se pusieron a crujir los dientes contra él. Mas él, estando lleno de espíritu santo, miró con fijeza al cielo y alcanzó a ver la gloria de Dios y a Jesús de pie a la diestra de Dios, y dijo: “¡Miren! Contemplo los cielos abiertos, y al Hijo del hombre de pie a la diestra de Dios”. Ante esto, ellos clamaron a voz en cuello y se pusieron las manos sobre los oídos y se precipitaron de común acuerdo sobre él. Y después de echarlo fuera de la ciudad, se pusieron a arrojarle piedras… Y siguieron arrojándole piedras a Esteban mientras él hacía petición y decía: “Señor Jesús, recibe mi espíritu”. -Hechos 7:54-60-

Nadie sabe a ciencia cierta cómo es la cara de un ángel. El relato del libro de Hechos no da detalle alguno sobre la cara de un ángel; sin embago, si tomamos en cuenta que los ángeles con creaturas sobrehumanas que moran en las regiones celestiales, y que ellos de manera más directa experimentan la radiante e intocable luz proveniente del trono de Jehová, podemos comprender por qué los judíos opositores experimentaron el vislumbre de un ser celestial en la cara de Esteban, la cual reflejaba la gloria de la luz divina. Como todos sabemos, a pesar del luminoso rostro de Esteban, ellos lo mataron.

Después que Esteban dio su último testimonio ante los asesinos de Cristo, él contempló la gloria de Jehová en los cielos, y también vio a Jesús de pie a la diestra de Dios. En ese momento el experimentó una epifanía; es decir, él vio la gloriosa manifestación de Jehová y de Cristo Jesús. Sin embargo, los judíos que estaban a su lado no vieron nada. Aunque esta epifanía sucedió después que el rostro de Esteban empezó a brillar como la cara de un ángel; aún así, esta epifanía sirve como un portento o ejemplo en relación a la glorificación de los hijos de Dios, una vez que ellos hayan sido testigos de la manifestación de Cristo.

Es muy significativo leer que los judíos, una vez enfurecidos, “comenzaron a crujir sus dientes” en contra de Esteban. Estos judíos parecen representar a los rechazados hijos del reino; aquellos hijos inicuos similares a la mala hierba que presumen ser judíos espirituales, pero que están destinados a llorar y a crujir sus dientes cuando los ángeles de Jesús los aten como si fueran manojos de espinos antes de su eventual destrucción. Al igual que Judas, estos hijos del inicuo traicionarán a los verdaderos hijos del reino, y serán pieza clave en su ejecución al entregarlos a sus enemigos.

Tal y como los judíos que asesinaron a Cristo perdieron la razón y se llenaron de odio y envidia cuando fueron condenados por Esteban después de su epifanía; de igual manera, muchos apóstatas testigos de Jehová jugarán un papel primordial en la persecución y martirio de los verdaderos hijos de Dios después que ellos hayan sido revelados y glorificados.

Otro portento que encontramos en el relato de Esteban tiene que ver con el testimonio que darían los cristianos ungidos ante las autoridades del mundo. Jesús pronosticó que sus seguidores serían movidos por el espíritu santo para dar un testimonio final sobre la conclusión de este sistema de cosas. El impresionante testimonio y martirio de Esteban son un portento que revela la naturaleza condenatoria del mensaje que darán los dos testigos de Jesús antes de su ascención al cielo.

También, el hecho que Esteban pidió a Jesús que recibiera su espíritu en el momento que estaba siendo asesinado nos dice que los santos y mártires de Jesús serán resucitados inmediatamente en el espíritu -en un abrir y cerrar de ojos como Pablo escribió-. Por supuesto, Esteban sabía que el no iba a ser resucitado inmediatamente a la vida celestial. De hecho, el relato nos dice que él se durmió en la muerte después de pronunciar sus últimas palabras.

Sin embargo, los glorificados hijos de Dios que brillarán como el sol durante la conclusión de este sistema de cosas, tendrán el privilegio de ser transportados inmediatamente a las regiones celestiales, y ver cómo Jesús recibe el espíritu de ellos en el momento en que son asesinados.

Finalmente, y debido a que numerosas personas creen el disparate que Jesús es Dios, y con frecuencia citan el relato de Esteban como “prueba bíblica” que Jesús ocupa el lugar de Dios, y que no es solamente el mediador entre Dios y los hombres, nos vemos en la necesidad de mencionar ciertas cosas.

Dado el hecho que el martirio de Esteban es un drama portentoso que tipifica la epifanía y la primera resurrección, y debido a que el regreso de Jesús, con el objeto de recolectar a sus elegidos, marca la conclusión del papel que Jesús juega como mediador del Nuevo Pacto, se hace evidente que una vez que Jesús se manifiesta a sus elegidos, y a su vez los elegidos son revelados a la creación- lo cual es simbolizado por la transformación del rostro de Esteban cuando pasó de ser un simple hombre y adquirió el semblante de un ángel- la relación de ellos con Jesús cambia.

A partir de ese momento Jesús ya no funge como mediador entre ellos y Dios. A partir de ese momento ellos llegan a ser igual a Jesús; aunque obviamente, Jesús siempre será el primer y más importante hijo de Dios.

A partir de entonces Jesús se convierte en su compañero; en su colega, y en su hermano mayor, pues de ahí en adelante ellos tendrán acceso directo a Jehová; el mismo acceso que Jesús siempre ha tenido; tal y como lo revela el hecho que Esteban contempló directamente la gloria de Jehová, y vio a Jesus de pie a la diestra de Dios.

Esa es la razón por la cual a los elegidos se les llama hijos de Dios, y eso es lo que hace que el trato que les dé la gente durante su tribulación sea tan vital. Una vez que ellos son aceptados totalmente como hijos adoptivos de Dios empiezan a aplicar las palabras de Jesús respecto al trato para con sus hermanos, y es precisamente ese trato lo que determinará si las gentes de las naciones son juzgadas como cabras o como ovejas.

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